30/6/08

Amor Cortes o Fin'amor


El amor cortés nace en el siglo XI en el sur de Francia (Languedoc). Consiste de los siguientes elementos:

1. Humildad
2. Cortesía
3. Adulterio y
4. Religión de Amor.

El amante llora y siempre es el sirviente o prisionero de una dama, quien a veces es inflexible y cruel. La única virtud posible del amante es servir a la dama (lo que los alemanes medievales llaman Frauendienst o «servicio de damas»). El amante llama a su dama midons («mi dueño») y el amor cortés es la feudalización del amor (Vasallität: «vasallaje»), o sea, la dama sustituye al rey (o a Dios). Este tipo de amor es posible sólo para los corteses (aunque el amor ennoblece aún a los no-nobles). El poeta sirve a una dama casada generalmente (por eso es un tipo de amor «adúltero») y su amor es representado en forma desesperante (recordemos que la desesperación es el pecado imperdonable de la cristiandad [como todas las ofensas contra el Espíritu Santo o el amor de Dios: suicidio, etc.]) y trágica. El amante sólo puede ser salvado por el Dios Amor [Cupido]. Vea la poesía lírica del poeta renacentista Petrarca (1304-1374). Este amor fue inventado [in venire {"to come into something," i.e., del libro Ars amatoria de Ovidio}] por los franceses en el siglo XI. En la literatura clásica (pre-cristiana, i.e., griega) el amor es visto como

1. Un sensualismo alegre
2. Un consuelo doméstico (Penélope y Ulises)
3. Cierto tipo de locura (Medea, Dido: damas que enloquecieron de amor).



El amor cortés sólo era posible en las cortes (por eso se llama amor cortés o cortesano ['courtly']). Hay que recordar que los casamientos no se hacían por amor sino por intereses políticos. La mujer era propiedad de un señor (aunque como dama era superior a los otros nobles que estaban bajo el servicio del señor) y el casamiento podía revocarse cuando las necesidades políticas cambiaban (como dice C. S. Lewis: "Any idealization of sexual love, in a society where marriage is purely utilitarian, must begin by being an idealization of adultery").



Este amor es un rival (o parodia) de la religión cristiana. Es hasta cierto punto la venganza del paganismo. Es el enemigo de la religión. Chrétien de Troyes (trovador francés de finales del siglo XI), autor de Lancelot. El amor entre Lanzarote y la reina Ginebra [Guinevere] es correspondido carnalmente [amor mixtus] pero él la trata como si fuera divina y una santa (religión de amor) [cf. la novela sentimental española, e.g., Cárcel de amor de Diego de San Pedro]. Elementos alegóricos, etc. Sólo los corazones nobles pueden ser esclavizados por el amor (e.g., el amor es un tipo de pasión masoquista).

Andreas Capellanus [Andreas the Chaplain] {siglo XIII}, De Arte Honeste Amandi (The Art of Courtly Love). Elogio del amor purus pero no del amor mixtus. Consejos del capellán [sacerdote a cargo de una capilla] al joven Walter: El fin del amor es cumplimineto y su fuente es la belleza visible [e.g., los ciegos no pueden amar]. Pero el amor no es sensualidad. El hombre que sufre de abundantia voluptatia [abundancia de voluptuosidad, o sea, el amor ferino o amor impurus] no puede amar. El amor es una forma de castidad. El amante es honesto, modesto, un buen católico, limpio en su hablar, generoso, valiente en la guerra, cortés. Debe servir a su dama así como a todas las damas [cf. el servicio de damas de don Quijote]. Sólo la dama puede escoger al amante (no el amante a la dama [cf. doña Inés, don Rodrigo & don Alonso en El caballero de Olmedo], pero la dama no debe abusar de su poder para satisfacer sus caprichos. Aun una mujer soltera (la doncella) debe tener un amante. El amante debe servir a todas las damas pero no necesariamente a todas las mujeres. Las mujeres casadas no pueden amar porque éstas no pueden usar de su libre albedrío para escoger a su amante. Su 'amor' por su esposo no es amor propiamente hablando (i.e., amor cortés) sino necesidad o deber matrimonial [para engendrar]. Los celos son marcas de buenos amantes pero un fastidio en los casados. Además, sólo los seres superiores (Dios, el rey, la dama) pueden recompensar a los inferiores (vasallos), pero una esposa no es un ser superior sino sólo una mera mujer (para el esposo). El amor de un hombre por su propia esposa es cierta forma de adulterio y un abuso del sacramento del casamiento. La última advertencia del capellán a Walter es que es preferible abstenerse del amor.

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